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Tarta de manzana clásica

Solapas principales

Descripción

Ésta es la receta de tarta de manzana clásica, con su crema pastelera, su hojaldre y su manzana reineta. Siempre intento buscar la sencillez en las recetas que pongo aquí, y creo que ésta es sorprendentemente fácil, sobre todo teniendo en cuenta el resultado.  Merece la pena arremangarse y ponerse a ello.

tarta de manzana clásica
vegetariano
Dificultad: 
Normal
Tipo de plato: 
postres
Para hacer con niños: 
1
Para tupper: 
0
Tipo de receta: 
Receta

Resumen

Yield
raciones
Prep time
15 minutos
Cooking time
30 minutos
Total time
45 minutos

Ingredients

2
manzana reineta
1
plancha de hojaldre (redondo)
1⁄2 litro
leche
3
huevos
4 cucharadas
harina de maíz (maizena)
7 cucharadas
azúcar
1
vaina de vainilla
5 cucharadas
mermelada ((de albaricoque o melocotón))

Instructions

  • Necesitamos un molde redondo , y preferiblemente desmontable. Yo en esta ocasión estaba emocionada por estrenar un molde nuevo de silicona, y me las he visto moradas para sacar la tarta de ahí sin romperla. Así que no vamos a arriesgar: desmontable y punto. De un tamaño inferior al de la plancha de hojaldre, para poder hacer que suba por el borde
  • Lo primero que vamos a preparar es la crema pastelera, para que se enfríe un poco antes de usarla. Para ello ponemos la leche a calentar con la vaina de vainilla, reservando medio vaso. Cascamos los huevos y separamos las claras de las yemas (por si alguien no lo sabe, se cascan cuidando que las cáscaras queden en dos mitades parecidas y se pasa la yema de una mitad a otra, dejando caer la clara) Ponemos las yemas en un recipiente y juntamos el azúcar, la maizena y la leche. Batimos bien con una varilla o un tenedor, y cuando la leche comience a hervir vamos volcando muy poco a poco la mezcla con las yemas a la leche, sin dejar de batir. Veremos cómo la crema empieza a formarse ante nuestros ojos, y cuando esté espesita la apartamos del fuego para que pierda un poco el calor.
  • Mientras, podemos pelar las manzanas y cortarlas en gajos (primero las partimos por la mitad, descorazonamos y vamos cortando gajitos) Si prevemos que vamos a tardar un rato en colocarlos los rociamos con zumo de limón para que no se oscurezcan. Encendemos el horno para que empiece a calentarse a 200 grados
  • Montamos el molde y lo engrasamos bien con aceite. Con cuidado pero con decisión, colocamos el hojaldre centrado en el molde, y presionamos primero el fondo y luego las paredes para que el hojaldre quede bien pegado. 
  • Rellenamos con la crema pastelera, sacando la vainilla, claro. Nunca me ha dado por comérmela, pero estoy por apostar a que no es agradable. Si alguien lo ha probado, que me lo diga, que tengo curiosidad. Después colocamos los gajos de manzana superponiéndolos un poco unos con otros, en dos círculos, y si nos sobra mucho hojaldre por las paredes del molde, podemos recortarlo con un cuchillo. Eso sí, dejamos al menos un centímetro, porque al hornear va a encoger. 
  • Y metemos la tarta al horno, en la zona media-baja. Como siempre, échale un vistazo de vez en cuando, y confía en tu criterio. En mi horno, la tarta tardó veintisiete minutos en estar lista, porque la miré a los veinticinco, pensé "dos minutos más", el bebé se hizo caca, fui a cambiarle y cuando volví habían pasado cinco y se había tostado un pelín de más. Cuando la saquemos le damos brillo con unas pinceladas de mermelada de albaricoque diluida con unas gotas de agua.
  • Y Sanseacabó.

Notes

Es curioso,  a mí nunca me han gustado mucho los pasteles de pastelería. Quizá porque mi madre es una maravillosa repostera, me hace mucha gracia cuando, con intención de alabar, alguien dice: ¡Qué rica, parece de pastelería! Así que me ha encantado cuando, después de probar ésta, mi vecina Marisa ha rectificado: ¡Qué digo, mejor que de pastelería! 

(Sí, vale, me habeis pillado, utilizo a las vecinas de conejillo de indias. ¿Qué pasa? De momento no me ha protestado ninguna. Un beso para todas, chicas, y gracias)

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En el cuaderno de Recetas Maravillosas de mi madre, apuntadas a boligrafo sobre una cuadrícula, (algunas ya medio descoloridas), encontré uno de estos días la receta de las Rosquillas de la abuela Simona. La madre de mi padre, a la que siempre conocí con el pelo blanco inmaculado, una mujer dulce y resignada, y que hacía las rosquillas midiendo las cantidades con cascarones de huevo. Así que decidí que, como fuera, tenía que convertir esas medidas en algo objetivo.  Tres toneladas de rosquillas más tarde, y con dos kilos de más, obtuve el visto bueno de mi padre: lo comparto con vosotros, que lo disfruteis.

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